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Janos Slynt, enemigo declarado
del Lord Comandante. Fuente. |
Cuando se habla de vacunas, al final el tema desemboca, voluntaria o involuntariamente, en (y permitidme la licencia) los despojos antivacunas. Aún a riesgo de ser irrespetuoso con los despojos, mantendré este tono frente a ellos. Son el enemigo.
En el
capítulo anterior, que dediqué a los adyuvantes que llevan las vacunas, ya desmonté alguna de sus fantasías y sus barrabasadas, pero quedan por comentar y desmontar de forma más concreta las chorradas que se inventan para vender el miedo como arma que les ayude a conseguir adeptos a su causa. Da igual que sea Pepito Pérez, que ha leído en internet alguna página imbécil apoyando a algún criminal, o que sea algún medicastro que se ha ciscado en toda su profesión: todos son culpables de que el antivacunismo o el movimiento antivacunas o como queráis llamarlo coja fuerza. En nuestro país, afortunadamente, parece que es anecdótico aún. Pero con casos como el
del niño de Olot que murió de difteria y la epidemia de sarampión que recorre Europa, va siendo hora de que pongamos por escrito los delirios de estos Janos Slynt de la vida.