lunes, 6 de junio de 2016

Innombrable, incalificable

Tras haber pasado más de tres meses (en realidad catorce semanas) divulgando sobre ciencia pura y dura, tengo que volver al origen porque siguen ocurriendo cosas que me hacen hervir la sangre. Y es que, igual que me calienta mucho el leer o escuchar ciertas cosas y me pongo de uñas con la gente que las dice, también me toca mucho la bolsa escrotal el extremo contrario. Es precisamente el caso que os traigo esta semana y que, creo, también conviene comentar bajo la lupa de la indignación y el cabreo más absolutos.



Los hechos


Hace unos días saltaba esta noticia en la revista Nature. Para los que no hacéis clicks en los enlaces, os diré que trata sobre Santa Cruz Biotechnologies, una empresa de Dallas, Texas, en Estados Unidos, que se dedica a la producción de anticuerpos para investigación. También tienen otras líneas, como CRISPR, siRNAs y otras técnicas de bioquímica y biología molecular. Pero según anuncian ellos, son los "líderes en producción de anticuerpos monoclonales".

Y es cierto. Como investigador, he usado muchos de sus anticuerpos, incluso algunos de sus productos de ELISA. Es más, trabajos en los que aparezco como autor, se citan como demostración de la utilidad y desempeño de sus anticuerpos, tanto monoclonales (como este y este) como policlonales (como los de los receptores de somatostatina 1, 2 y 3). He leído muchas críticas hacia estos anticuerpos, como hacia muchos de otras casas comerciales, pero lo cierto es que durante el tiempo que los usaba (y hace ya diez años) o bien no había otros, pues nadie comercializaba aún anticuerpos frente a los receptores de somatostatina excepto ellos, o bien eran los que ofrecían una mejor relación calidad/precio. Ya sabéis que en este país la ciencia no da para comer, como para que dé para investigar... El truco, como siempre, estaba en comprar también su kit de quimioluminiscencia para revelar el experimento. Que también era más barato que el de otras casas comerciales, así que miel sobre hojuelas. Y he tenido algunos Western Blot bien bonitos. Así que todo era felicidad con los anticuerpos de Santa Cruz.

Sin embargo, salta ahora la noticia a la palestra: Santa Cruz Biotechnologies no cumplía la normativa sobre bienestar animal y la licencia para vender, comprar, comerciar o importar animales le ha sido revocada. Asimismo, se le ha retirado la licencia como instalación de investigación con animales. Esto es un varapalo para Santa Cruz, ya que la inmensa mayoría de sus anticuerpos no son recombinantes, sino que son policlonales o monoclonales, obtenidos a partir de animales a los que se inyecta el antígeno, inmunizándolos.

Po fale, po mu bien... ¿Y qué?


Vale, seguramente no me sigas demasiado, algo que deberías remediar de inmediato, pero esto me cabrea sobremanera. Mucho.

Si recordáis mi primer post en este blog, que ya ha cumplido un año y más de cincuenta artículos, os comentaba la estupidez que supone estar en contra de la experimentación animal. Y es que, aunque no sea la solución ni el método ideal, por desgracia, sigue siendo necesario usar animales para investigar. Aunque hay muchos métodos alternativos que están teniendo muchos resultados prometedores, nuestro desconocimiento aún sigue siendo enorme. Esto nos ha llevado a una reducción en el uso de animales en investigación. Además, hemos refinado los métodos para evitar todo el sufrimiento posible. Y se ha aprendido a reutilizar animales siempre que haya sido posible, disminuyendo así el número de animales sacrificados. También esto ha sido posible gracias a la experimentación animal, no os vayáis a creer.

No sólo me he limitado a defender la experimentación animal en ese artículo, sino en otro de Fantasymundo y en diversas discusiones con peluchistas (Copyright silvercius) y gente más racional con una postura contraria. He defendido que se haga este tipo de experimentación con el objetivo de conseguir un mayor y mejor conocimiento de las enfermedades humanas y las terapias que se van a usar para combatirlas. Sí, el objetivo deseable es eliminar toda forma de experimentación animal. Esto es así. Hay que reconocerlo. A ninguno nos gusta trabajar con animales. Pero entendemos que es necesario porque las alternativas son muy, muy limitadas y la utilidad de las mismas es bastante reducida.

Esto podría tomarse como una gran noticia, diréis algunos. Defiendo los métodos de control frente al maltrato y en favor del bienestar animal en la experimentación. Y esto demuestra que dichos métodos de control FUNCIONAN. Y lo digo bien alto y lo repito: FUNCIONAN. Y esto es una gran noticia, claro que lo es. Porque se pone fuera de circulación a estos impresentables capaces de maltratar a compañeros de trabajo. Como he dicho ya en otra ocasión, son los protagonistas de la investigación, no herramientas.

Pero más que alegrarme por la noticia de que funcionan los métodos de control, este suceso me hace hervir la sangre. ¿Por qué? Pues básicamente por el hecho que se condena: el maltrato animal en la experimentación. Esto NUNCA, JAMÁS debió ocurrir. Nunca. Ahora, gracias a esta noticia, muchos de los que hemos utilizado sus anticuerpos tenemos un problema muy gordo. 

Si habéis leído mi monográfico sobre anticuerpos, sospecharéis, como sospecho yo, que no tendrá nada que ver la producción de anticuerpos, que van dirigidos frente a los epítopos específicos. Pero ¿y si alguna de las inespecificidades observadas tiene que ver con este maltrato? ¿Y si las veces que el anticuerpo parecía fallar se pudieran explicar por este estrés? ¿Y si las críticas que han recibido estos anticuerpos pudieran haberse evitado con un trato correcto a los animales? 

Pero esto es en lo que concierne a los resultados y en la parte que me toca. Y aunque importante, no es lo más importante. Lo más importante es, precisamente, el hecho de que una casa comercial se haya dedicado a experimentar con animales en condiciones que no son las correctas. Estas prácticas no es que sean censurables, es que están prohibidas y, aunque en el modelo de negocio entren anticuerpos recombinantes y otros tipos de reactivos, la pérdida de la licencia y la multa es poca sanción. En mi modesta opinión, y como experimentador animal, el daño que hacen estas conductas es prácticamente irreparable, dándoles razones, aunque absurdas, a los movimientos peluchistas a las que agarrarse como un clavo ardiendo. Y, como experimentador animal también digo que lo que deberían es haber cerrado la empresa.

Ya no es la multa y la retirada de la licencia y el permiso de investigación. No. Es el maltrato en sí al que han sometido a los animales. Y esto, pienso, conlleva algo más que una responsabilidad comercial. Porque, al fin y al cabo, es lo que están pagando. Nada más. Y esto es mucho, mucho más que una simple multa y una simple retirada de un permiso para realizar una actividad. Es maltrato. 

No, experimentar con animales no es maltrato. Seguimos unas directrices muy duras, muy rígidas, para que los animales sufran lo menos posible. Nos tenemos que acreditar para ello y cumplir con un examen para poder siquiera acercarnos a dichos animales. Tenemos que demostrar que sabemos manejar los animales con el menor sufrimiento posible, que los podemos intervenir de forma segura y que los vamos a tratar con el respeto que merecen. Y aún así, tenemos que demostrar cada día que somos capaces de cumplir con los estándares exigidos para que los animales estén lo más a gusto posible. A pesar de ello recibimos todos los días críticas por parte de un sector de la sociedad que, bien por ignorancia, bien por estupidez escogida, piensan que eres un asesino en serie, cuando no un genocida. Nuestro trabajo se complica enormemente, precisamente, para que esta gente esté ya no contenta, sino al menos de acuerdo con el objetivo que perseguimos, siempre y cuando sigamos intentando reducir, refinar y reutilizar para no sacrificar más animales de los necesarios y no hacerlos sufrir innecesariamente.

Pero cuando uno ve que una empresa, un gigante de los anticuerpos, realiza estas repugnantes prácticas todo se viene abajo. Da igual cuánto intentes trabajar en las condiciones correctas. Da igual que hayas sido honesto durante toda tu carrera, haciendo tu trabajo en condiciones, cumpliendo a rajatabla la normativa sobre bienestar animal. Automáticamente, al saltar estas noticias, estás incluído en el mismo saco y en la misma mierda. Te conviertes en un objetivo. 

¿Hay solución?


No. 

Es una respuesta lamentable, lo sé. Pero, por ahora, no hay solución. No podemos abandonar la experimentación animal en muchos campos. Porque el cáncer, el Alzheimer, la esclerosis múltiple... son enfermedades que, lamentablemente, no consisten en un virus que se puede eliminar, una bacteria que es sensible a un antibiótico sencillo y accesible. Tampoco consisten en un factor único, extrapolable y aislado. Son enfermedades multifactoriales, complicadas e implican al organismo completo. Por mucho que el cáncer de páncreas sea eso, de páncreas, existe una cosita por ahí, una minucia, que llaman metástasis, que también tiene mucha influencia en la progresión y gravedad de la enfermedad. Y, según me cuentan, la metástasis no usa el AVE para ir de un origen a un destino concreto, sino que más bien es un mochilero que agarra el petate y aterriza allí donde le lleve el viento. O en la esclerosis múltiple, que interviene el sistema inmunitario como uno de los protagonistas principales, que tiene la mala costumbre de viajar por todo el organismo. 

Tampoco hay solución porque, por el otro lado, el lado peluchista, no existe voluntad de entender esto. No hay argumento, evidencia o explicación que les valga. Se apuntan a todas las barrabasadas new age, a todas las pseudoterapias bienintencionadísimas que prometen curación a precio de saldo y sin agredir al medio ambiente o a les persones no humanes, sin darse cuenta de que les mienten, les engañan y sí, les estafan. Se agarran a la falacia de que no siempre se trasladan a humanos los resultados, como si el verdadero escocés les sirviera de algo. 

Y esto es grave.

Porque mientras haya quien esté dispuesto a sacar rédito, como Santa Cruz Biotechnologies del maltrato animal, y haya quien esté dispuesto a mirar más el dedo que les señala más que al por qué se les señala, habrá gente que se aprovechará del maltrato animal en los dos sentidos. Unos, para hacer caja de manera ilegítima, irresponsable e ilegal. Y otros, para arrimar el ascua a su sardina y acusarnos de genocidas a los que, con toda la honestidad de la que somos capaces, cumplimos con nuestro deber y con las directrices que son de obligado cumplimiento.

Santa Cruz se ha cagado en el trabajo de quienes luchamos por una experimentación animal reglada, justa y respetuosa. Los peluchistas se han cagado en el trabajo de los animalistas que lucharon por esa experimentación animal reglada, justa y respetuosa. Todos hemos perdido.

4 comentarios :

  1. Soy científica, investigo con animales, y estoy de acuerdo en (casi) todo lo que dices. Dices que has estado divulgando ciencia. Yo también lo hago. Así que espero que sepas que si quieres apelar al buen juicio de la gente, lo mejor es respetarles e intentar entender su punto de vista para poder explicar y hacerles entender el tuyo de forma más efectiva. Faltándoles al respeto usando un término despectivo como "peluchista" malamente te pondrá a la cabeza de la discusión. Al final da la impresión de que eres tan intransigente como a los que criticas. No hace falta que pibliques mi comentario, me vale con que lo leas. Saludos. Elena

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    1. Bienvenida, Elena.

      El término "peluchista" se refiere a un sector muy determinado. Es ese sector que se dirige a los experimentadores animales con términos tan respetuosos como "asesinos", "genocidas", "psicópatas", "tarados", "esclavistas". Quid pro quo.

      Si te das cuenta, añado después otro colectivo, el que está en contra de la experimentación animal de forma racional.

      No puedo respetar a un sector que, de antemano, no me respeta.

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  2. La cuestión es que los defensores de los animales no humanos y pro- liberación animal tenemos una tendencia antiespecista, que propugna la igualdad de consideración y respeto para todo animal, humano o no, es decir, que no haríamos con un animal no humano algo que no haríamos con un humano, respetando las diferencias, por supuesto, es decir, teniendo en cuenta que las condiciones naturales para su desarrollo saludable son diferentes según la especie. Éticamente veo que lo correcto, en base a esos planteamientos, para la investigación médica por la salud de una especie es que se realicen experimentos con la propia especie beneficiaria y no con otras. Gracias por el artículo. Dispuesta a aprender.

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    1. Bienvenida, Myriam.

      Déjame que comience por decirte que igual no has entendido lo que intentaba transmitir con el artículo.

      ¿Por qué lo éticamente correcto está ahí? ¿Por qué debemos creer que los éticamente correcto existe siquiera, cuando la ética es absolutamente personal y subjetiva?

      Realizar experimentos con personas estaría muy bien, oye. A nosotros, como experimentadores nos vendría genial. ¿Te prestas tú como voluntaria? Eso sí, tendré que inducirte Alzheimer, abrirte el cráneo, extraer toda tu corteza parietal y estudiar cómo reaccionan los receptores de somatostatina, por ejemplo. ¿Y luego qué? Eres sólo un individuo. ¿A quién uso de control? ¿Y cómo sé si mis resultados se replican?

      O mejor aún, ¿qué tal si te induzco una esclerosis múltiple y luego voy seccionando tu médula espinal según voy necesitando muestras? Que, oye, con el Alzheimer llega un momento en que se pierde la noción hasta de la realidad. Con la esclerosis múltiple no, serías consciente de todo en todo momento.

      Eso sí, no esperes resultados en al menos tres o cuatro generaciones. Quizá tus biznietos o tus tataranietos lleguen a dilucidar los primeros resultados provenientes de las muestras que podamos extraer de ti.

      A la vista de esto, si te sigue pareciendo mucho más ético dejar que una persona padezca Alzheimer, esclerosis múltiple, cáncer o Parkinson que sacrificar dos ratones y media rata por cada europeo en toda su vida (http://naukas.com/2014/06/10/cuantos-animales-se-usan-lo-largo-de-tu-vida-en-alimentacion-e-investigacion/) para poder obtener resultados más rápidos, más replicables y más fiables, igual tu ética no parece tan bien medida.

      Porque la experimentación con animales nos permite agrupar, en un experimento de corto recorrido muchos individuos, con lo que logramos reducir las desviaciones interindividuales, para estandarizar los protocolos y poder tomar datos fiables. El trabajar con animales de tan corto ciclo de vida nos permite, además, hacerlo de forma relativamente rápida. Y sobre todo, nos permite hacerlo de forma segura para los seres humanos. Y te pongo un ejemplo muy claro:

      - Se extraen células tumorales humanas y se ponen en cultivo. Se tratan con lejía. Las células tumorales mueren. ¿Cuál es la conclusión? Que la lejía mata las células tumorales. ¡La lejía serviría para tratar el cáncer!
      - Se inyecta lejía en humanos con cáncer. Mueren todos los que reciben la inyección. ¿Cómo es posible? ¡Deberían haber sanado!

      ¿Sería esto mejor que experimentar con animales? Es más, ¿sería mejor si tú hubieras sido una de los que recibiera la inyección? ¿Y si fueran tus padres, hijos, pareja... quien la recibiera y muriese? ¿Preferirías que murieran de cáncer para ahorrar dos ratones y media rata?

      Piénsalo bien: dos ratones y media rata por europeo en toda su vida. ¿Cuántos europeos salvan esos dos ratones y media rata? Y ojo, digo europeos porque los datos están sacados de la Unión Europea, pero los resultados son extrapolables.

      En resumen, la experimentación animal nos ayuda a tener unos resultados fiables, sin sesgos y de forma rápida para empezar a investigar en humanos.

      Ahora bien, esto no nos exime de hacer los experimentos y a mantener los animales en unas condiciones correctas. El artículo, precisamente, denuncia esto: que Santa Cruz no mantuvo dichas condiciones y se las saltó a la torera. Y eso no beneficia a nadie.

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