lunes, 18 de abril de 2016

¿Existe el VIH? (y VIII): Conclusiones

Hemos pasado varias semanas analizando las evidencias que tenemos sobre la existencia del virus VIH. Hemos visto sus micrografías, analizado su genoma y sus proteínas. Hemos visto cómo podemos usar los anticuerpos que se producen frente al VIH para detectar su presencia y diagnosticar a un paciente. También hemos repasado cómo utilizar las herramientas más potentes de biología molecular para determinar la existencia de material genético del virus en una muestra determinada.

Todo este tiempo nos lleva indudable e inexorablemente a la única conclusión válida que se puede extraer: sí, el VIH existe. Es real. Tenemos sus fotos, sus proteínas y su genoma aislados, secuenciados, troceados, clonados, editados e incluso mutados. Y su existencia no puede negarse en base a todas las evidencias que hemos ido extrayendo.


El VIH está presente en linfocitos T


Esto lo describieron ya Montagnier y Gallo en el momento en que describieron el VIH, hace ya más de treinta años. Se puede aislar una muestra de linfocitos T de pacientes y hacerles micrografías. Es más, se puede coger el mismo cultivo, aislar su ADN y secuenciarlo. Esto se hizo en 1985, en el grupo de Alizon, y publicaron un genoma completo de 9193 nucleótidos, antes incluso de que se renombrase el virus, que, como recordaréis, se denominaba LAV en un principio. 

Hay quien critica que la detección del virus en este tipo de células puede ser producto de algún fallo. Sin embargo, lo cierto es que tenemos suficientes métodos de detección como para no fallar cuado se combinan los resultados de todos ellos. Repasemos esto. Incluso aunque no utilicemos las micrografías para detectar la presencia del virus en una muestra, tenemos la secuencia de del virus desde hace treinta años. Basta con utilizar cebadores que encontremos en esta secuencia para encontrar fragmentos de ADN exclusivos del VIH. Con ellos, como vimos en nuestro capítulo anterior, podemos amplificar y detectar fragmentos de ADN que son únicos del VIH. Y cuando digo únicos es porque ningún otro organismo posee estos genes. Podéis comprobar que esto es así utilizando las herramientas de alineamiento que comentábamos en el segundo capítulo de la serie.

Aún así, podemos no estar del todo convencidos. Y es normal. ¿Cómo iba a convencerse alguien de la existencia de algo sólo porque se obtengan única y exclusivamente genes de ese algo en una prueba que detecta única y exclusivamente esos genes? Pues por eso tenemos los ensayos de ELISA y Western Blot, que se basan en la especificidad de la unión de los anticuerpos a sus antígenos determinados. 

Es cierto que tanto el ELISA como el Western Blot se usan en el mismo principio y pueden usar incluso el mismo anticuerpo de detección. Esto podría crear las mismas dudas en uno y otro sentido, de forma que si el anticuerpo del ELISA arroja un resultado positivo en VIH por unión inespecífica, se podría dudar del mismo resultado del test de Western Blot. Esto se soluciona utilizando anticuerpos de detección distintos. Ya que los tests de detección del VIH se basan principalmente no en la detección de proteínas del VIH (al menos hasta los de cuarta generación, que sí detectan el producto p24 de gag), sino en la detección de los anticuerpos del paciente frente a esas proteínas del virus, para solucionar este problema basta con usar anticuerpos de detección de rata y de cabra, por poner un ejemplo, en ambas técnicas. Cada uno tendrá su epítopo específico frente al un fragmento distinto de los anticuerpos específicos frente al VIH y un positivo en ambas pruebas mediante esta detección será un buen indicador de la presencia del VIH en una muestra.

Pero un servidor piensa que detectar anticuerpos humanos con anticuerpos no humanos es también susceptible de reactividad cruzada. Y como es susceptible de ello, sigo pensando que lo suyo sería detectar la proteína del virus. Esto es lo que hacen los ensayos de Western blot de cuarta generación

En estos ensayos de cuarta generación se va a detectar un fragmento de la proteína gag, el que forma parte de la cápsida. Este fragmento se denomina p24 o CA. Esta proteína es la que, una vez polimerizada, forma la cápsida, la estructura que envuelve el ARN del virus final. Esta proteína es única del virus y es característica del mismo, por lo que su detección es signo de la presencia del VIH. Es por ello que la detección de CA es la punta de lanza de la detección de la presencia del VIH en una muestra. Actualmente, se ha desarrollado un método basado en CA que puede ser hasta 4000 veces más sensible que todas las demás técnicas de detección, con lo que este test hipersensible podría desterrar el resto de técnicas utilizadas para el diagnóstico. Este test puede demostrar una infección por VIH en un tiempo tan corto como dos semanas, dura tan sólo 69 minutos y puede detectar cantidades tan pequeñas como 0.0025 ng/ml de p24, o lo que es lo mismo, 60 copias/ml de VIH. 

Es decir, no sólo hemos conseguido detectar el VIH, sino que además hemos llegado a detectar un límite tan bajo como 60 copias de VIH por ml de muestra. En el camino que vamos, llegaremos pronto a detectar una única copia de VIH en poco tiempo.

La vacuna frente al VIH


Muchos de los que niegan la existencia del VIH se escudan en la afirmación de que si el virus existe y hace tanto tiempo que lo conocemos, ya debería haber una vacuna frente al mismo. Que contra el ébola se ha encontrado en muy poco tiempo. Que la de la gripe la tenemos todos los años. 

Se olvidan, sin embargo, que el VIH tiene características especiales que no poseen los otros virus, aparte de que atacan a los linfocitos Th, que son, en definitiva, los detonantes de la inmunidad adquirida por medio de las vacunas. Si estas células están afectadas y su número se reduce considerablemente por la presencia del virus, la activación que pretendemos con la vacuna no se va a producir y, por lo tanto, no habrá posibilidad de detener la infección del virus.

Por otro lado, el VIH es muy esquivo. Sus proteínas son altamente mutables y acumulan muchos cambios en muy poco tiempo, lo que confiere al virus una gran capacidad para esconderse de los elementos del sistema inmunitario. Esto impide que la respuesta inmunitaria debida a los anticuerpos sea eficiente: los epítopos frente a los que se producen los anticuerpos son cambiantes y los anticuerpos que sirven hoy, no servirán mañana

Una esperanza frente a esto es activar directamente los linfocitos T citotóxicos o Tc, que son los encargados de destruir las células infectadas por virus. Se están haciendo esfuerzos en esta dirección, pero hasta ahora cualquier ensayo que se ha realizado ha fallado. Ni siquiera tratar de inmunizar al paciente con su homólogo más cercano, el SIV, ha tenido el éxito esperado debido, principalmente, a la enorme variabilidad de las proteínas del VIH. En 2003 se puso en marcha un ensayo para activar la respuesta de los linfocitos Tc frente a las proteínas env, pol y nef del VIH, pero a pesar de su prometedor inicio, no hubo resultados que pudieran asegurar la eficacia de la vacuna.

Así que no está nada claro cómo se puede desarrollar una vacuna. Lo que sí lo está es que las estrategias tradicionales para obtener una vacuna frente al VIH no pueden ser las tradicionales. Y, hasta ahora, hemos fallado.

Aceptemos que existe. ¿Produce el SIDA?


La respuesta no podría ser más sencilla: sí.

En primer lugar, y por mucho que lo nieguen los miembros del gurpo de Perth, el VIH cumple perfectamente los postulados de Koch sobre las enfermedades infecciosas:

- Está fuertemente asociado a la epidemia, ya que se ha encontrado bien el virión, bien los anticuerpos que se producen frente a él en los enfermos.
- Se ha aislado y propagado el agente, como ya hemos visto en esta misma serie.
- Al aislarse el patógeno, este es capaz de producir la enfermedad en un hospedador sano.

El primer postulado ya hemos visto, cuando describíamos los tres métodos de diagnóstico, cómo pueden detectarse las señales de la presencia del virus en los pacientes, por lo que el establecimiento de la asociación entre epidemia y VIH es bastante sencilla. El segundo postulado también lo hemos establecido ya, como os anunciaba antes. Pero, ¿y el tercero? ¿Acaso hay quien se ha prestado a que se le transmita el virus? ¿Se ha encontrado un modelo animal de inmunodeficiencia adquirida?

Desafortunadamente, la comprobación del tercer postulado ha tenido que darse a través de distintos accidentes de laboratorio mientras se trabajaba con el VIH. En tres casos, mientras trabajaban con el virus, se infectaron, sin ningún otro factor de riesgo asociado. También se ha documentado el contagio por parte de un dentista a seis de sus pacientes en Florida. En el caso de los tres investigadores, igual que en el caso de tres de los pacientes, se desarrolló una inmunodeficiencia grave o SIDA. El dentista y tres de sus pacientes lo desarrollaron y fallecieron. 

Después de estos accidentes, el contagio del VIH también se ha certificado en cincuenta y seis trabajadores sanitarios de Estados Unidos, de los cuales desarrollaron la enfermedad veinticinco de ellos. En un estudio llevado a cabo en Holanda, se detectaron 11 casos de contagio neonatal a partir de sangre de un donante infectado. Diez años después, ocho de los niños habían sucumbido al VIH y los otros tres tenían un deterioro inmunitario significativo.

Acabando...


Después de estos ocho artículos, uno tras otro, mostrando que el VIH existe, que es detectable y que es inconfundible con los métodos de que disponemos, nos es posible decir que el VIH es muy real y que está ligado al SIDA de manera fehaciente.



Mi mas sincero agradecimiento a mi mujer, por la revisión crítica del texto y sus correcciones para entender mejor algo tan complejo. Por el mismo motivo, quisiera agradecer a mis amigos de Borregos Illuminati sus sugerencias y el tiempo invertido en las revisiones y correcciones. Menciones especiales para @VaryIngweion y @ej_molina_c por estar en el germen de esta idea y luchar tan denodadamente contra quienes inspiraron la escritura de esta serie.

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