lunes, 4 de mayo de 2015

Los científicos no somos ONGs

Esta entrada es la que debería haber venido la semana pasada, que retrasamos por la publicación del artículo de JAMA sobre las vacunas, y aprovechamos para hacer una advertencia sobre lo peligrosos que son los antivacunas. Así que vamos a recuperarla y publicarla, porque también tiene su miga.

Comenzábamos diciendo que había tenido un par de experiencias curiosas con este tema anteriormente, pero que la semana pasada, a principios, había tenido una repetición de dichas experiencias. Caminando entre la gente, de compras para abastecer mi nevera, escuché el típico comentario: Claro, no se investiga, porque a los científicos no les interesa. Como no se llenan los bolsillos, pues que nos jodan a los demás. No, no hacía referencia a las farmacéuticas, esas malvadas explotadoras y aliadas de Satanás. No, se refería a los científicos, así en general.

Mi primera reacción fue volverme con los ojos llenos de fuego, dispuesto a ensartarle un par de buenos argumentos en el gañote, para que aprendiera a hablar y a hacer valoraciones de cuñao. Pero cuando me volví para hacerlo, algo me hizo click y me dije: Escribe un post. Así que me vine rumiándolo y llegué a la conclusión que da título a este texto: los científicos no somos ONGs. Ni tenemos que serlo.

Lo primero que yo no puedo entender es esa afirmacción de no les interesa porque no se llenan los bolsillos. ¿Alguno de vosotros, lectores que os dedicáis a la ciencia, se ha hecho rico investigando? ¿Alguno de vosotros ha podido dedicarse a gastar dinero a manos llenas con el fruto de vuestro trabajo? ¿Alguno de vosotros tiene la cuenta en las mismas cifras que Bárcenas, Trillo, Rato y demás? Porque, sinceramente, y después de estar tantísimo tiempo dedicado a esto de generar conocimiento, todavía mi cuenta corriente está temblando y jugueteando con el rojo cada mes. No vivo en una urbanización de lujo, ni siquiera en un bloque con ascensor. Ni tengo un McLaren aparcado en el garaje, sino que me tengo que mover en transporte público.

¿En base a qué se hace esta afirmación, pregunto?

Igual este señor pensaba que como científicos, nuestro talento y nuestro trabajo debería ser gratuito. Seguramente, haya oído este señor alguna reflexión que dijera que los científicos estamos al servicio de los demás, que nuestra vocación es de servir y no de gobernar. Y la reflexión es perfectamente correcta. Pero lo que debió entender este señor es que deberíamos de trabajar gratis. O por dos duros. Y por dos duros ya trabajamos, ojo. Pero, ¿por qué deberíamos hacerlo? Lo de trabajar gratis, digo.

Y es que hay gente que piensa que, como científicos, deberíamos regalar nuestro trabajo. Es gente que piensa que, como pasamos todo el día sentados, es fácil y no conlleva ninguna dificultad. Si se hubiera pasado algún día por el laboratorio cuando hacía mi doctorado, se habrían dado cuenta de lo falso que es esto. Sí, pasaba mucho tiempo sentado, leyendo, pipeteando, pasando datos. Pero cuando teníamos experimento, no parábamos quietos. ¿A alguno le suena eso de tener las ultracentrífugas en otra planta distinta a la que está trabajando? ¿O lo de tener que ir a otro edificio a poner los tubos a contar o a medir una placa o a revelar un blot? ¿Y lo de tener que ir a poner un experimento a contar en un edificio y tener que recoger la centrífuga en otro? Ojalá pudiéramos tener todo el equipamiento en nuestro laboratorio y nuestra planta, pero dada la escasa financiación con la que contamos, es un lujo. Y tenemos que comprar equipamientos entre tres o cuatro laboratorios juntos, con todo lo que ello conlleva: prisas, turnos, cambios rápidos para no solapar... es un estrés...

Eso, por no hablar de que tenemos que seguir formándonos eternamente. No paramos de leer, estudiar, asistir a congresos... y todo eso mientras seguimos trabajando. ¿Fines de semana? ¡Perfectos para divulgar! ¿Viajes en tren? ¡Escribe una review! ¿Tu pareja ha salido? ¡Lee ese paper tan interesante que salió el lunes pasado! No tenemos tiempo libre. Y siempre dándole a la cabeza, es un no parar. Ni cuando nos acostamos. ¿A quién no se le ha ocurrido la idea genial en el momento de plantar la oreja en la almohada? Porque ése es otro añadido: si el experimento del día no ha salido bien, no paramos de darle vueltas. Una y otra vez repasamos lo que hemos hecho, qué podría haber fallado, anotamos mentalmente los reactivos, las muestras, el material utilizado. Buscamos puntos donde podríamos haber relajado la atención. Una y otra vez. Hasta el hastío. Hasta dar con ello. Y si no damos, aceleramos el ritmo el día siguiente, hasta sacar el experimento fallido y el que ya teníamos programado adelante. No podemos parar.

No podemos parar porque no somos los únicos que trabajamos en un tema concreto. Y queremos ser quien dé con la clave del mismo. No podemos permitirnos llegar los segundos en esta carrera de fondo que es la investigación. Llevar décadas trabajando en un tema concreto y encontrarte que, al llegar a la meta, otro te ha adelantado por la derecha y está ya allí esperándote no es agradable. Tú has gastado cientos de miles de euros, has formado gente, te has formado tú, te has dejado las pestañas, los codos, el culo y la vida para llegar a esa meta antes que nadie lo haga. Así que no podemos permitirnos que nos sobrepase nadie. Y para eso, tenemos que trabajar no sólo sin descanso, sino a tiempo completo. Y teniendo ideas nuevas, que nos hagan llegar allí más rápido y con más seguridad. Porque no podemos seguir corriendo con un McLaren M14A teniendo el MP4/4; y usar el MP4/4 según para qué cosas, porque tenemos el MP4/24. Tenemos que inventar el MP4/30 y mejorarlo deprisa, porque se nos escapan los demás. Y tener en mente ya el MP4/31, que al año que viene tendremos que correr más.

Para conseguir todo esto sólo hay un camino: una formación exhaustiva y de calidad. Debemos conocer todo lo que podamos. Y cuanto más actual sea ese conocimiento, mejor. No hemos parado estudiar desde el primer día en que empezamos y muchos tenemos ya una edad. Llevamos más de treinta años con sed de conocimiento, con curiosidad por el universo y cómo funciona. Y no hemos parado, desde ese primer día, de tener esa curiosidad, de intentar satisfacerla. Y, sobre todo, de utilizar esa curiosidad para mejorar la vida de los demás.

¿De verdad, después de todo esto, de conocer cómo es en realidad nuestro trabajo, alguien puede pensar que nos pagan demasiado? Años de formación en los que no cobramos un duro. Cuando empezamos a cobrar, es bastante tarde comparado con otros. Y nunca cobramos un dineral. Siempre tenemos sueldos exiguos que no se corresponden ni a nuestras capacidades, ni a nuestra experiencia, ni a nuestros conocimientos. Trabajamos con sustancias verdaderamente peligrosas, con patógenos... No tenemos plus de peligrosidad. Y todo, por los demás.

Así que uno no puede menos que encabronarse cuando oye que a los científicos no nos interesa tal o cual porque no nos da dinero. O incluso cuando lo oye de las farmacéuticas. Sí, son negocios que sólo quieren hacer dinero y sus prácticas deberían ser mucho más éticas y transparentes, esto es algo deseable y cualquier empresa farmacéutica que no se acoja a unas prácticas transparentes y éticas debería ser condenada y señalada. Sin ninguna duda. Pero los científicos no somos ONGs. ¿Por qué deberíamos regalar nuestro trabajo? Igual es que hay alguien que lo regala. Pongamos el caso del señor que inspiró este post. Llevaba un mono en el que podía leerse claramente "Saneamientos". ¿Este señor cambia cañerías gratis? Espero y deseo que no. Nadie debería. Pero en cambio, para los científicos e investigadores eso cambia. ¿Por qué? ¿Qué es lo que hace pensar a la gente de a pie que los investigadores deberíamos regalar nuestro trabajo o cobrar menos?

Realmente soy incapaz de entender por qué. Algunos me han intentado poner razónes éticas. Esta gente piensa que, quienes nos dedicamos a la investigación biomédica, deberíamos investigar gratis o por poco dinero, para abaratar el coste final de las medicinas y las terapias (sí, a este nivel de cuñadismo hemos llegado), que así sería más fácil que llegaran. ¿Es que esta gente no se da cuenta de que a nosotros no nos regalan las cosas? Nosotros también tenemos que vivir. Y ojo que no estoy pidiendo vivir por encima de nadie. Sino vivir con un sueldo conforme al trabajo que desempeñamos y al conocimiento y preparación que hemos tenido que alcanzar para desempeñarlo.

Esto, hasta cierto punto, es perdonable. Esta gente apenas conoce nada de cómo se llega a un laboratorio, cómo se hace el trabajo, cómo trabajamos el día a día y lo duro que es tener una precariedad laboral permanente durante toda tu vida, sin poder establecerte por tu cuenta porque no hay apoyos... Pero lo que no se puede perdonar es que alguien, dentro de tu propia profesión, te lo diga. ¿No os lo creéis? Pues os voy a contar una anécdota.

Hace unos años trabajaba yo en un instituto puntero de investigación. En él, como en todas las instituciones públicas que se dedican a la generación de conocimiento, había investigadores de todos los grados: titulares, postdoctorales y predoctorales. Al llegar la crisis, los recortes en I+D se hicieron muy patentes y los colaboradores predoctorales empezaban a marcharse. Entended la situación: cuando uno llega a un laboratorio, llega a colaborar, durante un tiempo, hasta que saca un contrato. Gratis. Uno llega a poner su tiempo a disposición de un grupo de investigación para desarrollar su talento. Gratis. Y cuando uno lleva uno o dos años colaborando sin ganar un duro, trabajando lo mismo que un titular o un postdoctoral, si el dinero no llega, acaba marchándose. Porque hay que buscarse la vida. Pues el director de dicho centro envió un mail incendiario quejándose de que los colaboradores ya no tenían compromiso, no tenían vocación.

En aquel momento, desde mi posición de contratado, habiendo pasado por lo mismo que aquellos colaboradores que se marchaban, me sentí profundamente ofendido. Y sólo fui capaz de contestar: ¿Por qué tienen que regalar su trabajo?.

Somos investigadores. No somos ONGs. Nuestro trabajo vale. Pero se valora muy poco. Y mientras somos los segundos profesionales mejor valorados por la sociedad, somos los peor tratados por los que nos gobiernan. Quizá porque nuestra contribución, al contrario que la suya, sí es visible. Es útil. Mientras no tengamos los medios, nosotros, por mucho que queramos, no podemos seguir adelante. Y no es porque no queramos. Sino porque, desgraciadamente, también tenemos que mantener familias que dependen de nosotros.

Llega época de elecciones. Todos los partidos se llenarán la boca de potenciación, mejora, consolidación, etc., de la I+D. Pero luego, cuando llegue la hora de la verdad, las convocatorias del año 2015 se habrán perdido, como lágrimas en la lluvia. Mientras tanto, un enfermo nuevo languidecerá en su casa o en el hospital y tendremos que volver a escuchar: la culpa es de los investigadores, que no les sale rentable.

1 comentario :

  1. Felicidades, una entrada muy interesante y muy cierta (por desgracia).

    A pesar de que me estoy iniciando en la investigación (empiezo mi 2º año de doctorado), ya tuve que escuchar comentarios similares.

    Saludos

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